• COPA DEL MUNDO ITU HUATULCO

    Huatulco, México. Tres años después. El mismo golpe de calor y humedad me recibe al tocar tierra. Las mismas (o más) ganas de sufrir en la prueba ITU más dura del mundo. Los días previos son tranquilos exceptuando una dura sesión de carrera a pié como shock para adaptarnos al calor que, también como hace tres años, realizo con mis amigos Gonza (Tellechea) y Lucho (Taccone). Ellos además me ayudan abriéndome las puertas de su cuarto. Gracias culeados :)

    Vuelvo a repasar mentalmente las transiciones delante de mi bicicleta con el dorsal 57. Todo listo. Caliento cinco minutos en el agua donde reafirmo mis buenas sensaciones. Este año han adelantado la salida. Son las 08:25 y la temperatura aun es agradable antes de que aprete el calor. Presentación de atletas. Con el penúltimo dorsal, escojo el primer sitio libre que diviso. 

    "On your marks"... ¡Piiiii! Cuatro pasos sobre la arena y entramos en el Pacífico. El koreano Seo parte con mucha fuerza y busco sus pies. Lucho por no perderlos. ¡Veinte segundos de prueba y ya voy a tope! A más tiempo en su estela, mejor llegaré a la primera boya. Ahí los golpes se ponen serios. Todo el mundo defiende su posición, cuando no lucha por mejorarla. Al pasar por el lado de fuera, pierdo varias posiciones. Calculo que voy sobre la posición 20ª. Debo progresar para evitar problemas. Paso por encima de dos triatletas para situarme en el lado derecho y así pasar por dentro las boyas. Aprovecho la corriente a favor terminando el primer giro de 1.000 metros para seguir progresando. 

    Toco la arena en 10ª posición. En vano espero que mi buena posición y el pasar de los metros contribuyan a reducir unos golpes que no pasarán hasta salir definitivamente del Pacífico. Tensión. Huatulco es la penúltima carrera antes de cerrar la clasificación olímpica, varios países se juegan el todo por el todo aquí y ahora. La tensión está a la altura.
    Corro por boxes con mi bicicleta en la mano, me cierran, golpeo a mi compañero Colucci... Más tensión. Tras él empiezo a pedalear. Pronto compruebo que somos un grupo grande de unos 40 atletas. Primera subida pequeña, retorno, segunda subida fácil. En el tramo continua el ritmo vivo. Y ahí está ella: 18% de desnivel. Bienvenidos al terror de Huatulco. Y diversión claro. Todos de pié sobre las bicis. El calor se multiplica con el dolor de piernas y el corazón en la boca en esta subida. Ya estamos arriba. Corto descenso y otra pequeña subida antes del vertiginoso descenso que nos devuelve a boxes. Genial, sólo quedan siete veces más.

    La altimetría, las curvas el asfalto roto y por supuesto el ritmo, hacen difícil poder recuperar. Y cada subida duelen más las piernas. Por más que lo intento no consigo situarme en la parte delantera del pelotón. Voy atrás, o en el medio si peleo duro. Pensar que hace tres años tenía la situación bajo control y ahora voy a merced del grupo me desconcierta. Me duele la espalda de retorcerme en cada subida. Las piernas están cada vez más duras. Bebo agua e isotónica, pero algún calambre parece pedir permiso para aparecer. ¿Cómo voy a correr 10 km así?
    Ok, eso es un problema del futuro. Olvídalo. Por ahora piensa sólo en la bici, en aguantar el fuerte ritmo. Al conversar con compañeros tras la prueba comprobé que no era el único que se retorcía. Tres minutos más rápido que otros años dan una idea de la tensión de esta edición. La dureza del ritmo y la rudeza del asfalto hace que nuestro grupo disminuya a cada vuelta con pinchazos, averías mecánicas o simplemente falta de fuerzas.

    Dejamos las bicicletas. Aun no sé cómo, pero vamos a correr. Ahhhhgg... Tirones en ambas piernas al agacharme me recomiendan calzar despacio las zapatillas. Tanto que abandono los boxes último de los treinta supervivientes del primer pelotón. Unas pocas zancadas me sirven para ahuyentar miedos a más calambres. Incremento el ritmo, empiezo la remontada e incumplo la regla número uno en la prueba ITU más dura: no des el 100% en ningún lugar que no sea la meta si quieres llegar a ella.

    Calor y humedad casi imposibilitan recuperarse de un esfuerzo máximo. Pero es ahora o nunca. Si quiero luchar los puestos de honor tengo que remontar lo perdido en boxes cuanto antes. Sigo progresando cual jabato poseído. No sé cómo, pero en el primer km ya soy 5º. Por delante Diemunsch camina sólo a por la victoria. Pimentel (BRA), Geens (BEL) y Box (AUS) forman un terceto unos quince metros delante de mí. Otros quince metros por detrás se encuentra el grupo al que acabo de sobrepasar. Estoy en tierra de nadie. Mis fuerzas ya escasean. La cabeza se nubla y quedan 9 km por delante. 

    Último esfuerzo. Tengo que conectar con el terceto. Ahora o nunca. Aunque sé que lo pagaré más adelante. Cierro los ojos y pongo todo. La piel se me eriza del sufrimiento y el fuerte calor. Y llego. Completando el primer giro de 2,5 km somos un cuarteto luchando del 2º al 5º lugar. He dado todo. Geens y Box se giran sorprendidos al ver que alguien los acaba de alcanzar por detrás. 

    Sufro en la subida. En la bajada. En cada ataque de Danilo. En la réplica de Box. Los calambres vuelven a llamar a la puerta. Me concentro en seguir y no pensar en nada. Cada km con ellos es un triunfo. Sólo puedo pensar en asegurar el 5º lugar.
    Última vuelta. Geens ataca decidido. Box intenta seguirle. Me acuerdo del esfuerzo extra de mi primera vuelta, no puedo cambiar de ritmo. Danilo también entra en crisis y no nos separamos hasta el final. Diemunsch arrasa en su cuarta participación aquí. Geens (2º) y Box (3º) son el podio que siento que por primera vez en mi vida he acariciado en una Copa del Mundo. Danilo es 4º. Soy 5º en la Copa del Mundo de Huatulco. Tres años después. El dolor se transforma en inmenso bienestar al cruzar la meta. ¿Será esta la droga que nos hace soñar cada día? Otro (gran) paso en el largo camino.





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