• CLASIFICATORIO ELITE DISTANCIA OLÍMPICA DE MADRID

    Hacía mucho que no curraba tanto en el agua. Venga, hay que seguir. Los dos escapados, que intuyo serán Pedro Reig y Uxío Abuín, están un poco más cerca. Dos últimas boyas. No conseguiré contactar. Pero la distancia puede ser recuperable con una gran transición. Sigo agarrando agua con fuerza mientras pienso en lo cómodo que iría a pies de los escapados. O de cualquiera de los que me están chupando el alma. No miro hacia atrás, pero no me hace falta para saber que hay alguien. Por momentos toca en demasía mis pies, hasta me vuelvo irascible. Calma, hay que avanzar.

    Tocamos el pantalán. Richi y Vicente me pasan como centellas. Larguísima transición hasta los boxes. Se quejan las piernas. Se queja el corazón. ¡A callarse! Aquí está la carrera. Salto sobre mi MASSI escasos cuatro metros detrás de Richi. Otros diez es lo que me separa del dúo de cabeza. Meto el pié en las zapatillas aprovechando el primer giro de izquierda. Me levanto para exprimir los pedales. Jadeo. Ellos irán igual que yo. Tras el pequeño repecho, cuatro curvas en bajada. La cabeza pasa a ser un trío. Jadeo. Y lucho empezando a sentir que no tengo fuelle. Miro hacia delante. Siguen siendo diez metros. Un solo apretón, Antón.

    Tanto miro delante que no me paro a pensar que tengo a gente a mi rueda. Vicente me pasa con fuerza. Hoy demasiada para mi. La cabeza es ahora cuarteto. Es el golpe definitivo. Intentando evitar el ko., cierro los ojos. Apreto. O me parece que apreto, porque ahora sí, el grupo se escapa. Sin mi.

    Quedan 36km de ciclismo. 10km de carrera a pié. Y estoy ko. Ángel Salamanca está en mi estela. Le animo a ayudar, sin que acepte mi invitación. Trato de olvidar esta primera parte de competición buscando mi límite. Varios kms en solitario empujando pero sin esperar volver a divisar al cuarteto avanzado. Más bien empiezo a mirar hacia atrás sabiendo que las fuerzas siguen menguando. Me absorbe un grupo donde trabajan el serbio Stojanovic y Aguayo. La carrera está perdida. Pero tengo que engañar a una mente ahora conformista. Colaboro en los relevos.

    Otro grupo. Ahora somos muchos. El ritmo ya se para completamente. La ventaja con el cuarteto llega hasta los tres minutos cuando entramos en boxes. Lucho la posición. Aun hay tiempo de hacer un buen entrenamiento. Empiezo a correr en segunda posición del pelotón. Pero pronto lidero la manada. Giro de derechas. Me abro para tomar la curva. Justo al tiempo que un espontáneo cruza delante de mi. Con los brazos me indica que el giro es hacia el otro lado.

    Cuando me doy cuenta he recorrido unos cuantos metros. No me llegan los 10km que le sumo metros. Me paro en seco. Parecía que estaba engañando a mi mente. Ahora sí que no. Tras eternas décimas, vuelvo a correr. Paso del primer puesto en el grupo... al último. Retírate, Antón. Sin fuerzas, con la mente en modo negativo, acusando un calor que disfruto pero al que aun no estoy acostumbrado, lejos de los puestos de honor. Doy una vuelta y paro.

    Con todo en contra, sufro. Tanto que, en un acto más alocado que correcto, engancho con la cabeza del grupo empezando el segundo giro. ¿Cuántos segundos tuve que remontar en algo menos de 2km? Es mi tumba. Siento que el cuerpo flojea. La mente solo emite pésimas órdenes que multiplican mi mal momento. Hasta aquí. Levanto el pie. Como sea, pero hay que completar los 7km que quedan hasta meta. Es casi un castigo. Hoy no se lo que es disfrutar. O si, cuando me desentiendo de la carrera, me recreo sintiéndome suelto. El ritmo es de risa. El calor está haciendo mella en cada participante. Pase lo que pase, voy a terminar.

    Samer me sobrepasa como un galgo. Mi competición es solo llegar a meta. Minutos después, lo consigo. Una fría 9ª posición. Una dura lección de autosuperación completada. Otra mala carrera en este 2012. No importa. El deporte es una larga carrera de fondo. No siempre gana la liebre, hoy soy una hormiga acumulando comida para un invierno por llegar.
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    José es mucho más que un entrenador. Lo que se suele decir un consejero, un padre, un amigo. Además de conocer como nadie sobre el entrenamiento y el rendimiento, su punto especial es el día a sía a su lado. Una mirada es suficiente para que sepa lo que estás viviendo y lo que necesitas. Es un orgullo poder seguir creciendo a su lado.

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