• ÚLTIMO DÍA EN NAMIBIA

    Hay que volver al campamento. Aquí arriba, con el calor rebotado por las rocas, debemos superar con creces los 45ºC. Los compañeros ya hace tiempo que se han ido. Richard sigue buscando las "piedras especiales", una roca verde que hará nuestras delicias en la hoguera cuando anochezca. Yo sigo ensimismado. Estamos en lo más alto de una de las infinitas montañas que marcan el camino al río. Subir no ha sido complicado. Las lluvias de los inviernos han ido excavando senderos por las paredes de las montañas, que hoy nos sirven casi como escaleras para llegar a sus azoteas.

    -"Venga, es hora de bajar nosotros también"-
    -"Voy, una última foto"- 
    Más bien cuatro. Necesito plasmar de alguna manera la belleza de este momento. El río, minúsculo comparado con su ancho durante la época de lluvias reflejado en la fina línea de árboles a cada lado. El curso del agua, caprichoso, retorciéndose como una serpiente. La altitud de las montañas de rocas que forman el cañón. La extrema sequía de todo lo que se aleja del río. La soledad y dureza del desierto. La paz y tranquilidad reinantes. El sentirse minúsculo, tan insignificante en plena naturaleza...
    Se me ocurre tirar cuatro fotos para abarcar todo el ancho del cañón. En mi cabeza se me aparece mi amigo Andrés. Seguro que su clase como fotógrafo consigue unirlas dando vida a un preciosa panorámica.

    Precioso. Corremos montaña abajo jugando a sentirnos Kilian Jornet. Hace tiempo que se nos ha acabado el agua. No pasa nada, son 2km hasta llegar a la vida, a nuestro campamento plantado al lado del río. Y sabemos que nos tiraremos de cabeza al agua nada más llegar. Me encanta correr con calor extremo, sentir como suda cada poro del cuerpo mientras el sol brilla sobre nuestra cabeza.

    Son nuestros últimos esfuerzos en esta tierra. Un desierto de Namibia que se cuenta que venció en dos ocasiones al famoso Bear Grylls. El reto televisivo del Último Superviviente dicen que fue frustrado en dos ocasiones por las extremas condiciones de esta tierra en cuanto dejas atrás el oasis del río. No me extrañaría lo más mínimo que fuese verdad.

    Algunos me preguntan: ¿y por qué no hay grandes animales aquí? Los había. Hipos y cocodrilos eran comunes en el Orange. Al igual que otros grandes mamíferos como Elefantes. Los colonos holandeses, franceses o británicos arrason con los grandes animales al tiempo que iban conquistando este territorio. El último hipo del Orange fue acribillado después de 1925.
    Y entre unas cosas y otras, atisbamos la civilización. Por última vez me subo a las abrasadoras rocas que bordean el agua. Sobre ellas alzamos los brazos en señal de victoria ¡Hemos completado nuestra aventura en el cañón del Orange! Tenemos casi 700km para recorrer la costa este y volver a Ciudad del Cabo. 7h para empezar a recordar una experiencia que siempre permanecerá con nosotros.
  • MI ENTRENADOR

    José es mucho más que un entrenador. Lo que se suele decir un consejero, un padre, un amigo. Además de conocer como nadie sobre el entrenamiento y el rendimiento, su punto especial es el día a sía a su lado. Una mirada es suficiente para que sepa lo que estás viviendo y lo que necesitas. Es un orgullo poder seguir creciendo a su lado.

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