• LA META

    ¿A qué saben eses instantes? ¿Cuanto duran eses segundos que desearíamos que fuesen eternos? ¿Qué pensamientos nos inundan la cabeza al cruzar una meta?

    Son segundos que se remontan a minutos, a horas de esfuerzo, a días de soledad, a semanas de pura entrega para alcanzar un sueño. Divisar esa línea de llegada al fondo es un pequeño respiro para unas infinitas ansias de crecer. El cansancio de cada prueba se transforma en una especie de paz interior en la zona de llegada, por unos momentos ahogamos retos y sueños, nos dejamos llevar por el reventamiento de un cuerpo que se acaba de vaciar.

    Son unas horas de autocomplacencia, sea el recuerdo competitivo positivo o decepcionante, rápido somos envueltos por nuevos retos, nuevas ansias de mejoría. Pero a veces conviene detenerse, en esa carrera interminable debemos regalarnos momentos de calma. Tratar de alargar eses segundos de infinitas sensaciones gratificantes es un arma que nos acompañará en los malos momentos. Porque todos sabemos que hay malos momentos, esa imagen no muestra las horas de esfuerzo bajo la lluvia, las horas de esfuerzo soportando mil y un dolores. Porque para poder levantar una vez los brazos en una meta se necesitan muchas veces de terminar décimo, trigésimo cuarto o incluso último.
    Estas dos imágenes son de Pontevedra y su espectacular Copa de Europa. La primera, bajo la lluvia, muestra a un atleta derrotado. Meses de entrenamiento para llegar a meta en la 47ª posición a muchos minutos de los puestos de honor. Un niño me da su mano en muestra de apoyo. En esos momentos el cansancio no permite pensar, solo dejarse llevar. Al malestar físico del reventamiento se le une la decepción de una mala carrera.
    Esta otra foto es un año más tarde, mismo lugar idéntico escenario,... distinto resultado. La Copa de Europa del 2010 fue un cúmulo de buenos sentimientos. Gran 18º puesto luchando al lado de los más grandes. Esos son los momentos indescriptibles, no existe el dolor. La adrenalina supera cualquier malestar. Todos quieren chocar mi mano, y yo aun estoy más contento que ellos. ¿Será esta la droga que nos hace seguir buscando nuevos límites?
  • MI ENTRENADOR

    José es mucho más que un entrenador. Lo que se suele decir un consejero, un padre, un amigo. Además de conocer como nadie sobre el entrenamiento y el rendimiento, su punto especial es el día a sía a su lado. Una mirada es suficiente para que sepa lo que estás viviendo y lo que necesitas. Es un orgullo poder seguir creciendo a su lado.

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